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El actor, el futbolista y la prostituta: negocios distintos, finales similares.

¿Acaso no son emprendedores? ¿Acaso no son su propia unidad de negocios? El mundo de los negocios ya no es campo de unos pocos. Hacer negocios es mucho más que vender un producto o servicio. Pero ¿qué ocurre cuando la usina generadora de dinero se acaba a una temprana edad?

Por Diego Pasjalidis – Experto en Estrategias e Innovación, Fundador de INSPIRATIVA

Esta es una idea que ha venido dando vueltas en mi cabeza desde que conocí a una alumna, madre de un futbolista, que estaba tomando un curso en busca de conocimientos y herramientas que le permitieran mejor administrar lo que su hijo (un deportista muy exitoso y reconocido) estaba generando.

Recuerdo haber reflexionado sobre otras profesiones similares, en donde personas jóvenes, comunes y corrientes, se toparan de repente con un flujo de ingresos bastante mayor al que hubieran conseguido en el mercado laboral tradicional, por sus edades, saberes y experiencias.

Fue ahí cuando, casi de manera instantánea, llegaron a mi mente dos profesiones más: la prostitución y la actuación.

Dejando de lado paradigmas y prejuicios, que de nada sirven a la hora de hacer buenos negocios y mucho menos en la vida – actores, prostitutas y futbolistas tienen varios puntos en común:

  • Ellos son su propio negocio, por lo que ante alguna enfermedad o el retiro (que, en el caso de deportistas y prostitutas, se da en la plenitud de la vida) deben aprender a vivir de lo que han logrado sembrar en el pasado
  • Han desarrollado una habilidad técnica que le asegura su ingreso, pero esa habilidad pierde utilidad cuando se convierten en “ex”
  • Deben saber administrar los vaivenes del negocio
  • Deben planificar el futuro, por lo que algunos experimentan con tentadoras propuestas de negocios que les acercan algunos oportunistas, muchas de las que terminan en fracaso.

Pese a lo anterior, las tres profesiones parecen desconocer la importancia de construir el futuro en el presente. No digo que lo ignoren, sino que una cosa es trabajar en lo que uno sabe para obtener un ingreso, y otra muy distinta es administrar un negocio, en donde el conocimiento, las habilidades y actitudes son diferentes.

Siempre estamos de ida

Supongamos que la vida consiste escalar una montaña, en donde en la primera mitad nos dedicamos a poner todo nuestro esfuerzo y empeño en llegar a la cima. Si en ese proceso de ascenso nos consumimos todos los recursos, o si no sabemos administrar los mismos para asegurarnos el retorno, el viaje terminará antes de haber llegado a la meta.

Nunca “estamos de vuelta” sino que siempre seguimos avanzando, cosechando los errores y aciertos del pasado.

Las tres profesiones son desarrolladas mayormente desde una edad temprana, asociadas a un sueño, deseo o necesidad. Esto hace que los profesionales sepan mucho, pero específicamente sobre lo que tienen que hacer.

Son contados los casos de quienes han sabido administrar adecuadamente sus ingresos mientras estaban activos. Y son muchos menos los que, al tener que retirarse, han sabido generar un negocio sustentable que les permita transitar los varios años que les quedan por delante.

¿Y ahora qué?

De un momento para el otro, esta pregunta aparece. Si han sido previsores, han juntado algo de dinero. Pero si no se ha construido una alternativa de generación de negocios, ese dinero difícilmente alcance para mantener una buena calidad de vida.

No es de sorprender que actores, deportistas u otras figuras mediáticas (e incluso aquellos que tienen la suerte de ganarse la quiniela) se vean tentados a abrir un bar, restaurante, una tienda de ropa, una bodega… pero ¿qué saben ellos del tema? ¿qué saben ellos de negocios?.

El dinero, y la necesidad de mantener una calidad de vida, queman en las manos. Algo tienen que hacer porque saben que su profesión tiene un vencimiento.

Hay una frase que leí hace tiempo, y que siempre me disculpo por reiterarla y no recordar su autor, que dice “el techo hay que arreglarlo antes que llueva”. Y más que nada en profesiones como las que he mencionado, es imprescindible acompañar al crecimiento económico de corto plazo con conocimientos y habilidades que seguramente requerirán en un futuro no tan remoto.

 

Saber, querer y poder

He aprendido que toda tarea, profesión y decisión deben considerar tres aspectos para ser desarrollada con mayor probabilidad de éxito: se debe saber sobre el tema, se debe querer llevarlo a cabo y se debe poder hacerlo.

En definitiva, hablamos de conocimiento, actitud y aptitud. Y estos tres aspectos cambian conforme cambia la situación o tema en el que estemos trabajando.

El “sabe, quiere y puede” de un jugador es diferente al de un Director Técnico. Y pese a ser tan simple ¿seguimos creyendo que el siguiente paso de un buen jugador es ser un buen DT? Y tampoco ser un buen DT asegura ser un buen presidente de un club. Es lo mismo que suponer que el paso siguiente de ser un buen empleado es el de convertirse en supervisor o jefe. Mucho de esto, comúnmente ocurre.

Entonces, ¿qué debe hacer el actor, la prostituta y el futbolista?: adquirir conocimientos diferentes a los que adquirieron durante toda su vida, y desarrollar habilidades distintas que las que les vinieron dadas. Algo tan simple pero, a la vez, tan culturalmente alejado del entorno normal en el que se desenvuelven, que termina por generar una paradoja. Y esa paradoja, muchas veces, se convierte en una profecía auto-cumplida.

Parte del cambio que requieren las sociedades es permitir que a todo nivel (todo nivel) se desarrollen conocimientos y habilidades para desarrollar una actividad empresarial o profesional sustentable en el tiempo. Implica capacitarse en ese ámbito: en el de crear y sostener empresas.

La Real Academia define negocio como ocupación, quehacer o trabajo; aquello que es objeto o materia de una ocupación lucrativa o de interés; utilidad o interés que se logra en lo que se trata, comercia o pretende.

Todos hacemos negocios, desde los denominados “cartoneros”, pasando por los artistas, los deportistas, los actores, las prostitutas… no solo los emprendedores o empresarios.

Es un cambio cultural, pero estamos transitándolo. Es la única forma de construir una sociedad más equitativa, digna y sustentable.

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Liderazgo

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2 thoughts on “El actor, el futbolista y la prostituta: negocios distintos, finales similares. Deja un comentario

  1. Lo cierto es que no todos los actores tenemos la posibilidad de generar grandes ingresos en el corto plazo, la gran mayoría llevamos adelante proyectos de pequeña/mediana envergadura que nos permiten (con suerte) tener un ingreso fijo mensualmente.
    Ahora bien, que distinta sería la vida laboral/profesional de muchos actores/actrices si planificásemos nuestra trayectoria laboral y viviéramos nuestro arte como una empresa que debe ser rentable.
    Conocer sobre posibilidades de financiamiento, sobre alianzas estratégicas. Sobre rentabilidad de algunos proyectos.
    Queda mucho por hacer en el mundo del teatro independiente en esta materia. Pensar la vida del actor como un negocio no es traicionarse. Es darle solidez y proyección a la profesión. Lo entendí a fuerza de analizar matrices y “traducir” el lenguaje empresarial a mi idioma.
    Pero me pregunto ¿no es cultural esto de que los actores (los artistas en general) trabajar por amor al arte? ¿Cuanto vale el amor? ¿Nos ayudas a ponerle precio?
    Saludos desde Córdoba!

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