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EL SÍNDROME DE BENJAMIN BUTTON EN LOS NEGOCIOS

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Cada vez más personas se vuelcan al mundo emprendedor. Si bien existen altas tasas de generación de emprendimientos, también son altas las tasas de mortalidad. ¿Será el síndrome de Benjamin Button la causa de muchos fracasos?

 

Por Diego Pasjalidis (@diegopasjalidis) –  experto en estrategias e innovación, fundador de inspirativa.org

Actualmente, el emprendedorismo dejó de ser una actividad reservada para unos pocos que escapan de la relación de dependencia, o para jóvenes que persiguen sus sueños.

Cada vez más, empleados, estudiantes y empresarios buscan desarrollar su veta emprendedora para complementar sus ingresos, probar “cosas nuevas” o, simplemente, para convertir un hobby en una actividad comercial.

Más allá de las causas puntuales que llevan al fracaso, parece existir unas consideraciones generales que explican ciertas conductas, acciones u omisiones a la hora de emprender.

“Síndrome de Benjamin Button”

Probablemente, muchos recuerden la película “El curioso caso de Benjamin Button” interpretada por Brad Pitt. En ella, se veía el caso de un niño que nació anciano y – conforme pasaban los años – se hacía cada vez más joven. Aquellos que aun no la vieron, podrán ver el trailer aquí https://www.youtube.com/watch?v=RoehOsa9WmQ

En la película se evidenciaban las dificultades del protagonista al tener que adaptarse al medio externo, con los recursos y capacidades “inadecuados” con los que contaba en cada etapa de su vida ¡Imaginen volver a su infancia con el conocimiento y experiencia que hoy poseen! ¡Imaginen a un niño en el cuerpo y vida de un adulto!

El síndrome de Button también se evidencia en el mundo emprendedor en dos circunstancias:

 

  1. Benjamin Button en cuerpo de anciano

Cuando un emprendimiento se convierte en una empresa en poco tiempo, aunque parecería ser una buena noticia, estamos en presencia de un Benjamin Button anciano con conocimientos y habilidades de un niño. Una empresa se comporta como un adulto, y no solo en materia de responsabilidades legales, sino también en lo que se refiere a la administración de los recursos. El crecimiento “normal y paulatino” implica que el cuerpo (emprendimiento o negocio) va creciendo conforme crece la personalidad del emprendedor, adquiriendo conocimientos y experiencias que luego serán esenciales para su sostenibilidad como empresa adulta.

Aquí el fracaso se da porque, al crecer de repente, la expansión coloca al emprendedor “en otro juego”, con reglas y desafíos diferentes, requiriendo formalidad legal y administrativa, costos de estructura (personal, alquiler, mayor requerimiento de stocks), administración adecuada de capital de trabajo y de impuestos, etc. Existe un momento adecuado para crecer ya que, de hacerlo mal, puede ser contraproducente.

Es por ello que muchos, para salvarse del síndrome Button, deciden no crecer y mantener su negocio en pequeña escala, o abandonar o vender el emprendimiento una vez desarrollado para buscar nuevos desafíos.

  1. Benjamin Button en cuerpo de niño

Cuando observamos a un Benjamin Button niño, con conocimientos y experiencias de un anciano, la situación se evidencia cuando una persona experimentada, por ejemplo aquellos profesionales que emprenden poco antes o al jubilarse, poseen un cuerpo de niño (emprendimiento) con las habilidades de un adulto. Aunque pueda sonar una gran ventaja, no siempre lo es.

Al igual que si volviéramos a nuestra infancia con la experiencia actual, la adaptación de ese conocimiento empresario a un nuevo cuerpo y entorno no nos permitirían desarrollar con normalidad. Las reglas para hablar, comportarnos, integrarnos e interrelacionarnos son diferentes en la adultez que en la niñez. Lo mismo ocurre cuando un profesional de experiencia en empresas, por ejemplo, se lanza a emprender: cree que lo que le permitió ser exitoso o eficiente en un rol, le asegurará un buen resultado como emprendedor.

Es común notar como empleados o ejecutivos que, por razones de edad o decisión propia, deciden abandonar una empresa y emprender con sus ahorros o indemnizaciones confiando plenamente en sus habilidades y, luego de un poco tiempo, muchos comienzan a tropezarse o a estresarse por la dinámica que requiere un emprendimiento propio.

Un profesional de experiencia debe aprender las reglas del juego del emprendedor: flexibilidad, creatividad, la multitarea y, por sobre todo, humildad. De no considerar estos aspectos, lamentablemente, se conducirá al fracaso.

Si padecen de “Button” en algún momento, sean adultos con deseo de emprender como jóvenes con deseos de crecer, tengan en cuenta estos consejos para reducir su tasa de fracaso.

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