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Un cuento para emprendedores: Las dos manzanas

Un cuento simple, con una gran enseñanza.

Por Diego Pasjalidis, experto en innovación. Director de INSPIRATIVA

Una madre al ver a su pequeña niña con dos manzanas, le pidió si le podía dar una. La niña mordió primero una manzana, y luego la otra. La madre, al ver tal acción, cambió su rostro y se sintió molesta por lo que su hija había hecho.

La niña, luego de unos segundos, le ofreció una de las manzanas a su madre diciendo “toma, mamita, esta es más dulce”.

Interpretaciones

Este cuento pudo parecerles “genial”, “muy bueno” o “más de lo mismo”. Algunos de ustedes compartirán esta nota, otros – tal vez – difícilmente la lean de forma completa.

Y ¿saben qué? todos tienen razón, independientemente de lo que digan o hagan al respecto, ya que depende de cada uno, de cada interpretación.

No a todos nos gusta lo mismo, no a todos nos inspira lo mismo. Sin embargo, fácilmente entramos en discusiones cuando nos enfrentamos a otra persona que piensa diferente. Hacemos más hincapié en las diferencias, más que en entender la interpretación del otro para comprender que la realidad se construye con la suma de las interpretaciones individuales.

Las dos manzanas en los negocios

¿Qué interpretamos de las acciones de nuestros clientes, empleados, socios, colegas? Es más ¿qué interpretamos de lo que no hacen o no dicen?

En general, tomamos decisiones en base a nuestras creencias sin considerar lo que los otros creen. Lanzamos productos o negocios de los que estamos “enamorados”; sin embargo, los clientes no vienen a comprar.

Criticamos a ese jefe inútil, o a ese compañero holgazán porque lo comparamos (casi sin darnos cuenta) con lo que nosotros suponemos en base a nuestra interpretación. ¿Y si ese jefe no es inútil, que no toma decisiones por castigos recibidos en su niñez cada vez que deseaba hacer algo diferente a lo que le indicaban?

Nunca, absolutamente nunca ignoren las interpretaciones que los otros tienen. Sea para desarrollar negocios, innovar, como para desarrollar alguna actividad social. Nada de lo que hacemos es bueno o malo, útil o inútil, si no brinda un servicio, satisface una necesidad o interés. Y, para que ello ocurra, tenemos que pensar más en el otro que en nosotros.

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