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¿Cual es el valor de “algo”?

Velocidad, cambio, consumo… palabras que saturan la cabeza de cualquier emprendedor o empresario a la hora de tomar decisiones. ¿Cuántos de los grandes inventos de la humanidad han sido generados en espacios y por personas que estuvieran en entornos de esa naturaleza? ¿Algunos?, puede ser, pero seguramente los más destacados fueron creados en espacios que fomentaban una atmósfera de inspiración. 

Por Diego Pasjalidis – Director de las Carreras Ingeniería Industrial y Licenciatura en Gestión Ambiental de UADE. Autor de Inspiración Extrema

Imaginemos que ingresamos en una librería en busca del libro de moda. ¿Cuál es su precio? ¿20 o 30 dólares?  Estamos ansiosos por leer sus páginas porque encontramos conocimientos, experiencias y nuevas perspectivas que nos ayudará a ser mejores personas. ¿Cuál es su valor? Elevado, grande, ¿no es así?

Sabemos que el libro es tangible, y su contenido es intangible. Por ello, el libro vale no por su costo de producción y distribución, sino por el valor que este genera a su lector.

Luego de un tiempo, esos libros usados que han quedado desactualizados en nuestra biblioteca ¿Cuánto valen? ¿Cuál es su precio? Nuevamente, poseen poco valor porque ya no nos interesa su contenido, y un bajo precio por su antigüedad. Este último estará determinado por dos condiciones: la primera, si existe gente interesada en adquirirlo porque para ellas es valioso su contenido, por ser una edición coleccionable o simplemente tener un valor afectivo, estarán dispuestos a recomprarlo por un precio determinado. De no ser así, el libro tendrá el valor de su peso en papel para reciclar, unos 20 centavos de dólar por kilogramo, por ejemplo.

Vemos, como en el ejemplo del libro, somos conscientes de estos tres valores. Las preguntas guía son ¿Cuál es su precio? ¿Cuál es su valor? Todo esto, porque partimos de la premisa que sabemos “para qué sirve”. Pero si nos preguntáramos ¿qué podríamos hacer con ese libro? ¿Para qué otra cosa nos serviría? El panorama podría cambiar.

Imaginemos que el libro es autografiado por su autor, es decir: dedicado al cliente con su firma y un mensaje personalizado ¿no se le estaría incrementando el valor? ¿No se convertiría en un recuerdo más que en un libro? Al mismo tiempo, un libro autografiado mantiene más valor al perder vigencia de su contenido. Incluso, gran parte de los libros autografiados no serían vendidos como usados, por lo que cada nuevo interesado comprará una unidad nueva.

Por otra parte, de no ser autografiado ¿qué podemos hacer con un libro? ¿Podemos adornar un estante, si la tapa y el lomo lucen bien? ¿Podemos utilizarlo como “caja fuerte”, si calamos sus hojas en el interior generando un espacio para guardar algunos objetos disimulados entre los libros? ¿Podríamos hacer una escultura, una obra de arte con sus páginas, o usarlo como una excusa para abrir en cualquier parte, seleccionar una palabra, y aplicar sus atributos a una nueva idea que pretendamos desarrollar?… todo eso, vale más que los 0.20 centavos por venderlo, ¿no es así?

El valor se crea, lo que permite generar mayores y mejores negocios, creativos y sostenibles.

Tiempo atrás escribí un par de artículos titulados “la estrategia de la cucaracha” (1 y 2) en donde comparto algunos ejemplos reales de aplicación del valor creativo a lo tangible, como el arte y la información obtenida de la basura.

El desafío es: su producto o servicio posee valor tangible e intangible. ¿Cómo podemos generar nuevo valor? ¿Qué ideas, concursos, proyectos podemos fomentar para involucrar a nuestros proveedores y clientes a que jueguen con ello? ¿Cuánta mejor imagen podemos generar a nuestro emprendimiento con esto? ¿A quién le podría servir el desecho?

Me gusta generar preguntas para “inspirar”. Siempre que lo hago me dicen es fácil comprender el concepto, incluso aplicarlo a un libro. Pero en mi negocio, dicen, se me hace difícil. Y sí, el cerebro nos juega esa mala pasada. Por ello es importante que otros jueguen para generar valor a nuestro negocio, y nosotros al del resto. Es fácil encontrar posibilidades de mejora o dar consejos a otros, lo difícil es hacerlo con nosotros mismos.

Hagamos una prueba de aplicarlo a nosotros como seres humanos. ¿Qué es lo tangible? ¿Cuál es su precio? ¿Cuál es el valor? ¿Cuál es el desecho? Y luego, ¿cómo podríamos generar más valor en todo esto? Seguramente seríamos una sociedad más sabia, solidaria, feliz, y con lista de espera para trasplantes con muy poca espera.

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