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¿Estamos tan cerca de vivir en Matrix?

El 17 de mayo se ha instaurado como día de las telecomunicaciones y de Internet ¿qué nos depara el futuro tecnológico?

Por Diego Pasjalidis, Director de Ingeniería Industrial y Licenciatura en Gestión Ambiental en la Fundación UADE (Universidad Argentina de la Empresa)

A principios de mayo el mundo colapsó por unos instantes ante la caída de Whatsapp. Una aplicación libre, gratuita y masiva de la que dependemos para mantenernos hipercomunicados con nuestros amigos, familiares, colegas y clientes. Además, en estos últimos días el mundo también se vio afectado por un masivo ciberataque que puso en jaque la seguridad de grandes organizaciones.

Hace solo tres décadas, en donde la comunicación entre las personas y el acceso a la información estaban acotadas a un puñado de productos, era impensado imaginar nuestro presente. ¿Cuantas veces nos comunicábamos antes con nuestros familiares y amigos? ¿Cuán actualizados estábamos sobre las noticias del mundo? ¿Cuánto debíamos buscar para estudiar? ¿Cuánto pagábamos para ello?

Hoy disponemos de información y herramientas en cantidad, calidad y gratis o a costos muy bajos. Sin embargo, el rápido e incesante avance tecnológico parece demostrar que lo único inimaginable sería creer que hemos llegado al límite de este proceso evolutivo por el que transita la especie humana.

 

¿Hacia dónde (creemos que) vamos?

Tal como informa en su reporte el Centro para la Ciencia y la Política de la Universidad de Cambridge, el mundo se orienta hacia una internet más abierta, ética y humana, que no solo brinde información sino beneficios tangibles a la sociedad. De esta forma pasaremos de una “red internacional” de intercomunicación a una “sociedad digital” de acción.

Los protocolos que fundaron internet se basaron en los principios de que la red no debe ser propiedad de nadie y que la misma debe ser agnóstica respecto al contenido que allí se comparte, como un factor de disrupción social.

Algo que nació para ser de todos, poco a poco se fue convirtiendo en un nuevo e importante actor en el mercado en donde (como ocurrió en su época con la radio, el teléfono y la televisión) también surgieron actores dominantes como Google, Amazon y Facebook concentrando los datos en pocas manos y colocándolos en ventaja para hacer uso de las nuevas tecnologías emergentes de inteligencia artificial y consolidar su dominio del mercado.

La inteligencia artificial avanza en nuestra vida cotidiana. Esto lo observamos en los automóviles autónomos (“autonomóviles”), sistemas de asistencia “semi automáticos”, lo que nos obliga a formular nuevas preguntas éticas-tecnológicas, por ejemplo, ¿cómo resuelve la inteligencia artificial un problema de tráfico en donde todas las opciones llevan a un mal fin? ¿estaremos listos para esto?

La transparencia en el uso de los datos será otro de los elementos a considerar. La inteligencia artificial sumada a internet de las cosas sin dudas generarán grandes beneficios, pero también pueden ser grandes (o nuevos) los riesgos asociados. Por ejemplo, en materia de terrorismo y seguridad o en el caso de nuevos “pseudos gobiernos” surgidos en las redes, cuya extensión, cantidad de “habitantes” y transacciones la convierten en el mayor país del mundo.

Esto obligará a los Estados a agilizar su gestión legislativa, que normalmente corre muy por detrás de los cambios colocando “parches” circunstanciales a las leyes vigentes. ¿Cómo se evidencia el derecho al perdón que todos tenemos luego de cumplir una pena, si nuestra historia queda permanentemente expuesta en las redes?

Internet achata y amplía la estructura social, lo que genera interacciones más superficiales,  menos controlables y menos confiables. Esto demanda que esta nueva sociedad digital considere responsabilidades legales que los futuros desarrollos tecnológicos tengan en nuestra vida.

Lo que estudia un alumno al comenzar una Carrera puede volverse obsoleto antes de culminarla. Esto obliga repensar, también, el sistema educativo para dotar a las futuras generaciones de nuevas capacidades, ya que no se trata solo de dar conocimiento sino de comprender cómo usarlo de manera innovadora, ética y constructiva.

Parece que perdimos la capacidad de asombro. La tecnología evoluciona más rápido que nuestra capacidad de asimilarla en lo cotidiano. Esto es algo que hoy nos estresa pero que mañana será parte de nuestra vida ya que viviremos más en el “presente” tomando decisiones instantáneas con la información disponible en cada momento.

El software y el hardware evolucionan como en la naturaleza lo hacen el depredador y su presa, solo que en lugar de requerir varias generaciones o años, en una misma vida humana experimentamos hasta 6 evoluciones.

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