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A todos nos llega nuestro UBER

Así como ocurrió en otros países, UBER vuelve a ser protagonista de las noticias. Esta vez en nuestro país, la Justicia, el Gobierno y el sindicato de taxistas se oponen contra un nuevo modelo de transporte que puede facilitar la vida a cientos o miles de personas que desean movilidad propia en las grandes ciudades.

Por Diego Pasjalidis (@diegopasjalidis) – Autor del libro INSPIRACION EXTREMA, experto en innovación

El modelo es simple: UBER es una aplicación gratuita que podemos descargar desde nuestro celular y nos permite contactar al conductor particular más cercano para que nos transporte, a una tarifa más económica que un taxi o remis.

UBER, tan simple como innovador, permite compartir vehículos (car-pooling), ahorrar energía, generar menos polución, posibilitar ingresos adicionales a los conductores que se asocien a la red y así reducir los problemas de transporte en la ciudad. Sin embargo, los taxistas, remises y el mismo Gobierno ven como amenaza su ingreso.

Recordemos que aplicaciones como EASY TAXI también fueron cuestionadas por las empresas de RADIO TAXI aludiendo que la aplicación no tuvo que enfrentar costos de inversión en equipos y antenas para operar, aunque por ahora conviven ya que no ha sido amenazada la fuente de trabajo del taxista, por ser un complemento adicional que no afecta su trabajo.

¿Se puede parar la innovación?

Una innovación no debe evaluarse solo observando el producto, servicio o proceso afectado, sino en el impacto que produce en los clientes, los competidores, los sustitutos y los complementos, y cuáles son las reacciones que estos pueden tener al lanzarse al mercado para evitar o morigerar los niveles de anticuerpos esperados ante el cambio.

Si me pongo en los zapatos de un taxista, tienen razón. Debieron invertir en un auto, licencia, pasar controles y trabajar toda la vida pagando impuestos para que – de repente – una aplicación impacte fuertemente en su mercado. 

Aunque no puede detenerse un cambio, puede administrarse. UBER pudo desarrollar su App orientada a los taxis y remises, con la alternativa (en días de alta demanda y de insuficiente oferta de vehículos) abrir el canal alternativo de autos compartidos. Este simple ajuste en su estrategia, le hubiera permitido comprobar que – como ocurre en la industria editorial con los libros digitales – el impacto es ínfimo en el negocio total, a la vez que permite abrir al transporte a un nuevo segmento de pasajeros que antes no podían pagar un taxi todos los días a que opten por el car-pooling.

Recordemos que allá por febrero de este año, los empleados postales (gremio de Caminoneros) protestaron contra la emisión de resúmenes bancarios digitales en lugar de continuar con el actual sistema de correo postal. Si bien la presión fue suficiente como para postergar la medida, los empleados, empresas, sindicatos y Gobierno no deberían quedarse conformes.

El Gobierno como fomentador y regulador de la innovación

Sea cual fuere la situación de cada sector, es parte de la evolución de las especies adaptarnos a los cambios y – de ser posible – anticiparnos. Y tal vez sea parte de la responsabilidad de los Gobiernos el crear áreas que trabajen anticipando, adaptando y ayudando al proceso de transición a los negocios o profesiones que, algunas antes otras después, podrán verse afectada de forma inminente por la tecnología o los cambios de patrones de consumo.

¿Alguien salió a la defensa de los almacenes de barrio cuando se multiplicaron los supermercados chinos o los formatos “express” de las grandes cadenas de supermercados? ¿Alguien salió a protestar contra los teléfonos que reemplazaron a las cámaras digitales? ¿Serán criticados los “food trucks” por los comerciantes que deben pagar altos costos de alquiler en un lugar fijo?

Parece que las represalias como las que padece UBER no se ha observado en otros sectores que experimentaron o están experimentado una situación similar. ¿Será que los negocios tradicionales sobreviven porque lograron adaptarse, será porque el cambio no fue tan dramático como se esperaba? ¿Será que el miedo es una barrera invisible y poderosa ante la innovación?

La innovación hace que algunos negocios desaparezcan, otros se adapten y otros surjan como complementos. La velocidad de los cambios es tan rápida que un ingresante universitario pasará cuatro años estudiando algo que, al graduarse, posiblemente quede obsoleto en poco tiempo.

Las innovaciones como UBER pueden perder una batalla, pero no la guerra. Recordemos que lo único constante es el cambio (Heráclito), y tal vez el problema no sea de los innovadores o tradicionales, sino de los Gobiernos que hoy corren detrás de los cambios y solo tratan la fiebre, y no las causas de algo mayor que se está incubando.

Antes o después, a todos nos llegará nuestro UBER.

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