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A mí no me va a pasar

“Tengo una empresa familiar y me es muy difícil convencer a mi padre que debe cambiar la forma en la que desarrollamos nuestro negocio”

Por: Diego Pasjalidis, columnista, docente y conferencista experto en Estrategia & Innovación. Autor de “Inspiración Extrema” (Ed Conecta). Director de Ingeniería de UADE.

 

Albert Einstein decía que locura era hacer más de lo mismo y esperar resultados diferentes. Esta frase se utiliza para incentivar al cambio cuando las cosas no resultan bien pero ¿cómo convencer a alguien que deje hacer “más de lo mismo” cuando esto le dio buenos resultados?

Un buen aliado para convencer a una persona que debe cambiar es creando el sentido de urgencia, aunque muy difícilmente logremos que alguien deje de hacer lo que hace si los resultados lo acompañan.

Los seres humanos deseamos evitar el dolor y encontrar el placer, y son estos dos aspectos alrededor de los cuales pivotean nuestras decisiones. Pensemos en base a qué criterios elegimos a un gobernante, en dónde ponemos cada peso que invertimos en nuestra empresa, o las cosas que compramos.

Entonces, el sentido de urgencia puede ser creado a partir de argumentar a partir de un dolor inmediato por no cambiar y un gran placer por hacerlo.

Mientras la otra persona perciba el placer ante el no cambio o el miedo ante la posibilidad de salir de su zona de confort, nos será muy difícil convencerlo de seguir otro rumbo.

Pensemos cuales fueron los momentos de nuestras vidas en donde tomamos fuertes decisiones de cambio. Seguramente notaremos que detrás de cada una de ellas existe una crisis, o alta probabilidad de que ocurra una.

Crear un sentido de urgencia no se trata de generar miedo en el otro, sino de analizar si las conductas pasadas tienen razón de ser ante cambios de tendencias o comportamientos de los actores (personas, empresas, instituciones) y factores (política, economía, cultura, tecnología) que inciden en nuestro mercado.

Hay un famoso dicho que en las PYMEs “la primera generación las funda, la segunda las hace crecer y la tercera las funde” y esto puede no tener que ver necesariamente con la falta de capacidad o compromiso del nieto del fundador: mientras las decisiones del abuelo pudieron ser las más adecuadas en un momento, mantener el mismo razonamiento hoy sin tener en cuenta que el mercado cambió, la tecnología modificó la lógica competitiva, que las regulaciones requieren otra forma de trabajar o que – simplemente – el modelo de negocios comienza a quedar obsoleto, el “amor” a dicho modelo puede ser el ancla que lleve a la tercera generación a tomar malas decisiones. Y esto se daba en la tercera hasta que la tecnología comenzó a dar saltos exponenciales, en donde vemos caer empresas en la segunda generación o, incluso, en la misma que las ha creado.

Kodak, BlockBuster, BlackBerry son casos típicos que se enseñan en muchas academias para mostrar el error de hacer más de lo mismo cuando estamos cómodo y no observamos los actores y factores del mercado.

 

Unos tips: como el sentido de urgencia forzado puede levantar anticuerpos en el otro, les propongo que sea la otra persona que los detecte. Para ello algunas buenas preguntas son ¿Cuáles son los actores que participan en mi sector? ¿Cuáles son los que podrían aparecer? ¿Qué factores condicionan el éxito en mi negocio? ¿Cuáles son los cambios que estos están teniendo o podrían tener? ¿Qué debería cambiar para adelantarme a estos cambios?

 

Ver más: nota publicada en PuntoBiz

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